lunes, 2 de mayo de 2011

La Cenicienta que no fue


Emilia Hints es una chica que va a la secundaria Hodnes que se llama así por su propietario, el rey Richard Hodnes   
La secundaria Hodnes es la  más prestigiosa de Inglaterra.
Emilia es una alumna muy destacada porque trabaja y estudia todo el día, de ahí salió su apodo Ceni de Cenicienta, aunque, claro, no es esclava de nadie más que de su trabajo y estudio.
Ya que la secundaria es del rey,  era de suponerse que su hijo Eduardo Hodnes, quien es un  estudiante más de la secundaria, además de ser el príncipe de Inglaterra, es dueño del corazón de
 las chicas, incluyendo el de  Cenicienta, y ella ,sin saberlo es la dueña de su corazón.  

 Un lluvioso día le llegó a Ceni una carta,  más bien un papel doblado con forma de carta que se pasaron sus  compañeros de mano en mano para que le llegara. Normalmente, ella no lo aceptaría en medio de una clase pero, cuando leyó que el remitente era el príncipe, Cení no se pudo resistir y leyó:
“Querida Ceni,
                        Eres  la dueña de mi corazón, sé mi novia, por favor.”
Ceni, cuando leyó esto, se quedó  muda e inmóvil y, cuando tocó la campana, se reunió con el príncipe.  Le dijo que sí quería ser su novia.  Como era de esperarse, quedaron algunos cientos de corazones rotos, pero ¿qué se le iba a hacer…?
Unos días después, ella fue al palacio, el  hogar  del príncipe,  se quedó a vivir ahí unas semanas, tiempo suficiente como para que ella se acostumbrara a la vida en el palacio. Pero un día tendría que volver a casa  y ese día llegó y a Ceni se le rompió el corazón. No porque dejaron de verse, ya que  se veían  casi todos los días en la escuela, pero no era lo mismo. Por suerte, el  dejar de vivir con él le abrió los ojos lo suficiente como para que se diera cuenta de que le iba mal en todas las materias. Pero esta mala noticia le duró  unos pocos segundos, ya que al tocar la campana, en el recreo, el príncipe vino a sorprenderla y  le propuso matrimonio. Exaltada por la propuesta, las únicas palabras
que logró decir fueron: “Sí,  claro.”


 La boda sería en dos semanas y ella volvió a vivir en el  palacio para  acostumbrarse otra vez a la vida de la realeza. Esta vez,  la  familia de su prometido la educó  para ser una princesa y lo único que escuchaba todo el día era: tienes que hacerlo así, camina así, hazlo de esta manera. Más que un sueño, era una pesadilla. El día anterior a la boda, ella volvió  a casa y con las mejores intenciones y palabras que encontró le escribió al príncipe una carta que decía así:
“Querido príncipe Eduardo:
                                                    Lamento informarte que la boda se cancelará  porque no puedo casarme contigo y prefiero ir a la universidad. Saldré hoy a la noche, así que,  cuando leas esto, estaré  allá. No te ofendas ni te angusties conmigo  por favor.
                                                          Tú Cenicienta o, mejor dicho,  tu amiga Emilia
PD: prefiero ser educada en la universidad, una profesional,  que educada para ser princesa y no saber nada de nada.



Ariadna Alvarez Renda
Palabras: 535 si contar el titulo